El conocimiento crece cuando lo ponemos en conversación
El viaje actual a São Paulo me recordó a las personas que he conocido en foros y congresos: algunas ampliaron mi perspectiva; otras cuestionaron mis ideas y me ayudaron a crecer. Esas experiencias me llevaron a escribir sobre el valor de participar, recibir retroalimentación y dar el siguiente paso: convertir lo aprendido en ponencias, artículos y papers que otros puedan discutir y aprovechar. Comparto esta reflexión con una pregunta: ¿qué conversación o encuentro ha dejado una huella en tu trayectoria?
Esta semana estoy en São Paulo para participar en un encuentro de Google Leader Series Higher Education. Preparar este viaje me ha llevado a recordar otros foros, congresos y espacios de intercambio en los que he participado a lo largo de mi trayectoria.
Al pensar en ellos, lo primero que recuerdo son las personas. Personas que me compartieron una perspectiva que no había considerado, que cuestionaron alguna de mis ideas o que, con una conversación generosa, dejaron una huella positiva en mi forma de trabajar y de entender mi profesión.
Algunas de esas conversaciones siguen acompañándome años después.
Eso me hace pensar en la importancia de participar en estos espacios y de contribuir a ellos: preguntar, presentar una experiencia, discutir un resultado o escribir un artículo que permita a otros examinar lo que creemos haber aprendido.
La experiencia también necesita ser cuestionada
Con los años acumulamos conocimientos, herramientas y criterios para tomar decisiones. También podemos acostumbrarnos demasiado a nuestras propias respuestas.
Una práctica que funcionó en nuestra organización puede parecernos universal. Una restricción con la que llevamos años trabajando puede volverse invisible. Incluso podemos confundir la familiaridad con un problema con una comprensión suficiente de sus causas.
Conversar con personas de otras instituciones, disciplinas y contextos nos ayuda a reconocer esos límites.
Alguien enfrenta el mismo problema con recursos distintos. Otra persona ya recorrió el camino que apenas estamos considerando. Alguien más hace una pregunta sencilla que nos obliga a revisar una explicación que llevábamos mucho tiempo repitiendo.
Para quienes dirigimos equipos, esta apertura tiene consecuencias concretas: nuestras certezas influyen en las decisiones, prioridades y oportunidades de otras personas. Necesitamos espacios donde también puedan ser examinadas.
Compartir nos obliga a ordenar lo que sabemos
Preparar una ponencia o escribir un paper exige un trabajo distinto al de resolver un problema cotidiano.
Hay que explicar el contexto, precisar qué se hizo, justificar las decisiones y distinguir entre lo que observamos y lo que interpretamos. También hay que reconocer qué evidencia tenemos y hasta dónde alcanza.
Resolver algo en nuestra organización es valioso. Documentarlo con suficiente claridad para que otra persona pueda entenderlo, cuestionarlo y valorar su aplicación en otro contexto amplía su valor.
En ese proceso suelen aparecer vacíos que antes no habíamos visto: resultados que no medimos, supuestos que nunca hicimos explícitos o conclusiones más amplias de lo que nuestros datos permiten sostener.
Por eso considero que escribir también es una forma de aprender. Nos obliga a darle estructura al pensamiento y a asumir la responsabilidad por lo que afirmamos.
La retroalimentación requiere apertura
Exponer una idea implica aceptar que alguien puede encontrarle debilidades. Un revisor puede señalar una limitación metodológica. Una persona del público puede cuestionar nuestra interpretación. Un colega puede presentar evidencia que contradiga nuestra conclusión.
Recibirlo puede ser incómodo, especialmente cuando hemos invertido tiempo y esfuerzo en el trabajo. Sin embargo, varias de las personas que más han contribuido a mi crecimiento lo han hecho precisamente así: ayudándome a reconocer algo que yo todavía no estaba viendo.
También he aprendido a valorar la forma de brindar esa retroalimentación. La crítica aporta más cuando explica sus razones, reconoce el contexto y abre posibilidades para mejorar.
Participar también es contribuir
Asistir a un congreso representa una inversión de tiempo, recursos y atención. Su valor continúa cuando regresamos: en una decisión mejor fundamentada, una práctica que vale la pena probar, una colaboración o una pregunta que merece investigarse.
Y continúa cuando compartimos lo aprendido con quienes no estuvieron ahí.
Lo mismo ocurre con las publicaciones. Un paper puede dejar constancia de un método, hacer visibles sus límites y permitir que otras personas construyan sobre ese trabajo. Esa contribución exige rigor, incluso cuando los resultados son modestos o distintos de lo esperado.
Hoy, mientras sigo desarrollándome profesionalmente y avanzo en mi formación doctoral, encuentro cada vez más sentido en conectar la práctica, la reflexión y la investigación.
Voy a este próximo encuentro con experiencias para compartir y preguntas por resolver. También con gratitud hacia quienes, en otros espacios, me han escuchado, cuestionado y ayudado a crecer.
Porque una conversación puede terminar al salir de una sala y seguir transformando nuestra manera de pensar durante años.
¿Qué conversación, encuentro o retroalimentación ha dejado una huella en tu trayectoria?
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Referencias rápidas
- Wenger, E. (1998). Communities of practice: Learning, meaning, and identity. Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/CBO9780511803932 Para fundamentar el aprendizaje mediante la participación y el intercambio en comunidades. Cambridge Aspire website
- Schön, D. A. (1983). The reflective practitioner: How professionals think in action. Basic Books. Para conectar la experiencia profesional con la reflexión y la revisión de nuestras decisiones. Google Books
- Graham, S., Kiuhara, S. A., & MacKay, M. (2020). The effects of writing on learning in science, social studies, and mathematics: A meta-analysis. Review of Educational Research, 90(2), 179–226. https://doi.org/10.3102/0034654320914744 Para apoyar la idea de escribir como herramienta de aprendizaje. Su evidencia corresponde a contextos escolares, por lo que conviene evitar extrapolarla directamente a la publicación de artículos profesionales.
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